El sábado me despierto a las tres y media de la mañana: el Trankimazín Retard no ha funcionado sus doce horas. Otra vez. Y no me quedan pastillas del Trankimazín normal, el que funciona al momento. Así que doy vueltas en cama hasta las cinco, en que me vuelvo a quedar dormida.
Mis padres hablando en el pasillo me despiertan. No sé que hora será, pero no tengo la sensación de que haya pasado mucho tiempo. Oigo que mi puerta se abre y siento como uno de mis gatos se mete debajo de las mantas conmigo. Vuelvo a quedarme dormida.
A las nueve, suena el despertador. No puedo creer que tenga otra día por delante. Lo apago.
Pero la Alice de ayer por la noche me conoce muy bien, así que ha recurrido al truco que nunca falla: a las nueve y cuarto el ruido más espantoso del mundo comienza a sonar, cada vez con más fuerza. Es algo así como el rascar sobre un encerado mezclado con el sonar de un viejo despertador, y proviene de lo más alto de la estantería opuesta a mi cama.
Sí, eso es lo que hago para salir por las mañanas de la cama: primero me doy la oportunidad de levantarme por las buenas (que nunca funciona, pero en fin), luego coloco el móvil en lo más alto de la estantería con un sonido espantoso que se repite indefinidamente cada dos minutos. Así que para pararlo no sólo tengo que levantarme, sino coger una silla, moverla hasta la estantería, coger el móvil y apagarlo.
Si después de eso me vuelvo a la cama, ya doy el día por perdido.
Así que me levanto a las nueve y cuarto, voy a la cocina y ya me doy cuenta de que estoy sola. La cama de mi madre está hecha, la de matrimonio (donde duerme mi padre), también. Las persianas están levantadas, las ventanas algo abiertas para ventilar la casa. Y mis gatos no tienen ni una pizca de comida.
Así que les lleno el comedero, preparo el café, enciendo el ordenador y miro el mail mientras intento recordar qué les oí decir cuando me desperté con sus voces. Algo de coger una chaqueta, poco más.
Resumiendo, no sé dónde están, cuándo van a volver, nada. Recojo la mesa del desayuno, lavo todo el "menaje" de mis gatos (el bebedero, los comederos, y esas cosas), hago la cama y me pongo a estudiar francés. Justo el día antes me lié la manta a la cabeza y me matriculé para hacer el examen del nivel intermedio por libre. Tengo un mes para estudiar como una cabrona o perder los 70 euros de matrícula que me he gastado en una sola oportunidad de aprobar (han sacado la convocatoria de septiembre para el alumnado libre).
Dan la una y media y sigo sin saber nada de mis padres. Pienso en ir haciendo algo para comer, al menos para mí. Revuelvo en la nevera y me "salvan" (soy un desastre en la cocina) los restos de comida de ayer: albóndigas. Abro una lata de espárragos para acompañar, pero me doy cuenta de que no tengo pan. Yo estoy sin un duro y en casa no hay ni cuarenta céntimos para una mini-baguette. Subo al desván y encuentro un paquete de pan precocinado en el congelador. Como. Recojo. No sé si poner o no el lavaplatos. Lo dejo sin poner de momento, por si todavía llegan mis padres para comer en casa.
Llegan a las tres, con su propia comida. Dicen hola y se van a la cocina. Poco después oigo el lavavajillas funcionando, que me da la pista de que ya han comido. Mi madre viene a mi habitación a decirme que han traído una tarta para el postre.
MI MADRE VIENE A PREGUNTARME SI QUIERO TARTA.
Le digo que no me apetece, que la probaré por la tarde. Me dice que está cansada y se va a dormir la siesta. Le digo que vale.
Yo también duermo un poco, cosa de media hora. Después les dejo la cama a mis gatos y vuelvo a estudiar.
A eso de las seis y media hago un descanso y voy al salón. Mi padre está viendo la tele. Le pregunto qué a donde han ido, me responde que a casa de mi tía-abuela, a ayudarle con el jardín y la huerta. Le pregunto a qué hora se fueron, sobre las siete y media de la mañana, me dice. La conversación no parece dar para más, así que le pregunto si mi tía estaba bien, me responde que sí y me pregunta que qué hago. Estudiar francés. Ah, muy bien, por cierto, hay tarta. Le digo que ya lo sé, pero que no me apetece. Y esa es mi conversación del día.
Miro el capítulo de The Big Bang Theory de esta semana, entro en un par de blogs. Miro el mail de nuevo y me encuentro con un mensaje de mi hermano. Está haciendo obras en su casa, tirando un tabique y uniendo dos habitaciones para poder hacerse un vestidor. Todo esto, claro, sin decirles una palabra a mis padres. Me pregunta si le puedo dejar dinero. Le tengo que decir que estoy sin un duro, pero luego me doy cuenta de que tengo un par de pedidos de Amazon (libros, mayoritariamente) que puedo cancelar. Los cancelo, resto el dinero del pienso de los gatos, pospongo las vacunas (que llevan pospuestas desde febrero, un mes más arriba o abajo, qué más da ya todo), y le digo que le puedo prestar unos doscientos euros.
Juego con mis gatos, tomo mi medicación. No tengo ganas de comer, pero tampoco puedo tomarme las pastillas con el estómago vacío, así que cojo un yogur, me lo llevo a la habitación y lo comparto con mis gatos.
A las once y media meto a los mininos en la terraza para pasar la noche. Mi madre tiene la puerta cerrada, supongo que ya se habrá ido a dormir. Mi padre sigue en el salón, viendo la tele. Cierro la puerta para mitigar el ruido. No se da ni cuenta.
Me voy a la cama. Como forma de preparar el examen he decidido leer todo lo que pueda en francés durante este mes. Leo un capítulo y medio y apago la luz.
Fin del sábado, 11 de mayo de 2013.
domingo, 12 de mayo de 2013
viernes, 10 de mayo de 2013
Violetas
Es posible que no exista tema que haya dado más citas célebres y proverbios populares que el amor.
Quizás el desamor, que no deja de ser el amor en negativo.
Yo me sé unas cuantas: "el amor es como los espíritus, todos hablan de ellos, pero pocos los han visto"; "ni la ausencia ni el tiempo son nada cuando se ama"; "una vida sin haber amado es una vida sin haber vivido";"al primer amor se le quiere más, al resto se los quiere mejor",
"EL AMOR TE HARÁ LIBRE".
Esta última es de las que más resuenan en mi cabeza. No tanto porque crea que sea cierta, sino porque vivo en mis carnes todos los días la veracidad de su contrario: "el que no te amen esclaviza".
Duermo bajo su mismo techo, como a su misma mesa, limpio su suciedad como a veces ellos limpian la mía... y no compartimos ni un solo pensamiento ni un solo sentimiento. Tan solo este existir, la rutina de las pequeñas cosas de todos los días, esas insignificantes acciones que no tienen importancia para nadie hasta que eres incapaz de realizarlas (hacer la compra, pagar las facturas, limpiar los baños,...) Todo eso en lo que se basa la vida del día a día, aquello con lo que llenamos nuestras horas de vigilia, todo eso que no tiene sentido hacer cuando lo compartes con quien no te ama, con quien ni te desprecia tan siquiera porque has perdido la importancia necesaria para generar rechazo.
Nadie odia una puerta o una lámpara o un sillón: están ahí y son más o menos útiles. Y eso es todo lo que son.
Pues ese desamor engancha. Al principio porque crees que lograrás cambiar la situación: serás más guapa, más lista, vestirás mejor, serás siempre amable con la gente... Luego te rebelas, quizás incluso pensando que ya no te importa, que te "buscarás" a ti misma y dejarás de ser lo que los demás esperan de ti. Con el tiempo me he dado cuenta de que lo único que cambia es la perspectiva: en lugar de ser para gustar, te pasas al ser para desgradar, para llevar la contraria, para que se fijen: PARA QUE SE DEN CUENTA DE QUE ESTÁS AHÍ Y TE DUELE.
Después viene el sentimiento más lógico de todos: la tristeza. Quieres y no te quieren. O peor: te quieren porque no pueden evitarlo, porque un imperativo biológico o una concepción social está tan introducida en su ADN que no pueden no quererte. Pero no les gustas. Con el tiempo, hasta te desprecian. Quizás incluso surja el odio, aunque sea en lo más profundo de su subconsciente.
Y tú estás ahí. ¿Por qué no te mueves, por qué no escapas?
Porque, pasado el tiempo suficiente, ya no puedes. No buscas que te quieran otras personas, en otro lugar, en algún tipo de futuro. Porque no te lo mereces. Porque si quien ha tenido todas las posibilidades de conocerte y amarte te rechaza tienes la seguridad de que todos lo harán.
Pero lo peor aún está por descubrir. El hecho de que, si por algún milagro o accidente de la vida alguien te ama...¿qué se hace?, ¿cómo quiere una a alguien?, ¿cómo se confía, cómo puedes llegar a creer en ese afecto?
¿Cómo se devuelve amor por amor?
No lo sé. La mera posibilidad de tener que enfrentarme a la situación me aterra.
Cuando te acostumbras al vacío, la plenitud es un castigo.
lunes, 29 de abril de 2013
Orquídeas
"(...) Eso es el amor: estar contento con la existencia del otro, simplemente. No esperar nada de él".
Creo firmemente en esta cita de Jodorowski. Es más, yo no soy capaz de querer de otra forma que no sea así, a fondo perdido, como diría Bibiana Fernández.
Por lo que no puedo evitar preguntarme:¿qué dice de mí el que nadie me quiera así?
Mis padres me quieren muy a su pesar. Soy una gran decepción para ellos, tal vez incluso peor de lo que lo es mi hermano, porque después de tacharlo a él de la lista, sus esperanzas en mí se duplicaron. Y doblemente se han venido abajo.
Mi hermano, por el contrario, es de esas personas a las que ciega (y atonta) la pasión. Siempre quiso una hermana pequeña y llegué yo. Suena muy mal, pero lo cierto es que me quiere tanto que me ha puesto en una especie de pedestal, me supone una enorme cantidad de cualidades que no tengo a la vez que se niega a admitir defectos obvios. He llegado a la triste conclusión de quiere quererme tanto, que se niega a conocerme. Eso hace que me sienta muy sola.
Y no hay nadie más. Mi amiga M, me quiere porque nos conocemos desde siempre, me mira y ve su infancia, su adolescencia, su boda, el nacimiento de sus hijas...igualmente veo yo en ella mi primera casa, mis sueños, el tenis, las tardes de verano comiendo chucherías, los primeros cotilleos sobre chicos...
El ahora no importa entre nosotras: cada una es para la otra un álbum de fotos que recuerda tiempos, sino mejores, sí más abiertos a las posibilidades y a la esperanza.
"La esperanza, la semilla de la que brota la miseria eterna..."
Están mis gatos, que en mí es lo más parecido a tener hijos que jamás experimentaré: los colmo de ese amor que nadie quiere, que o bien se rechaza o es calificado insuficiente, valdío, superfluo.
Ésta es la existencia en la que ha acabado desembocando todo.
¡Qué raro! Cómo una niña tan normal, una adolescente tan tranquila, una joven con tantas posibilidades se convierte en esto que arrastro ahora por el mundo. No sé cómo o cuándo pasó, qué línea crucé o llegué a hallar para convertirme en esto. Pero supongo que ahora ya da igual.
Creo firmemente en esta cita de Jodorowski. Es más, yo no soy capaz de querer de otra forma que no sea así, a fondo perdido, como diría Bibiana Fernández.
Por lo que no puedo evitar preguntarme:¿qué dice de mí el que nadie me quiera así?
Mis padres me quieren muy a su pesar. Soy una gran decepción para ellos, tal vez incluso peor de lo que lo es mi hermano, porque después de tacharlo a él de la lista, sus esperanzas en mí se duplicaron. Y doblemente se han venido abajo.
Mi hermano, por el contrario, es de esas personas a las que ciega (y atonta) la pasión. Siempre quiso una hermana pequeña y llegué yo. Suena muy mal, pero lo cierto es que me quiere tanto que me ha puesto en una especie de pedestal, me supone una enorme cantidad de cualidades que no tengo a la vez que se niega a admitir defectos obvios. He llegado a la triste conclusión de quiere quererme tanto, que se niega a conocerme. Eso hace que me sienta muy sola.
Y no hay nadie más. Mi amiga M, me quiere porque nos conocemos desde siempre, me mira y ve su infancia, su adolescencia, su boda, el nacimiento de sus hijas...igualmente veo yo en ella mi primera casa, mis sueños, el tenis, las tardes de verano comiendo chucherías, los primeros cotilleos sobre chicos...
El ahora no importa entre nosotras: cada una es para la otra un álbum de fotos que recuerda tiempos, sino mejores, sí más abiertos a las posibilidades y a la esperanza.
"La esperanza, la semilla de la que brota la miseria eterna..."
Están mis gatos, que en mí es lo más parecido a tener hijos que jamás experimentaré: los colmo de ese amor que nadie quiere, que o bien se rechaza o es calificado insuficiente, valdío, superfluo.
Ésta es la existencia en la que ha acabado desembocando todo.
¡Qué raro! Cómo una niña tan normal, una adolescente tan tranquila, una joven con tantas posibilidades se convierte en esto que arrastro ahora por el mundo. No sé cómo o cuándo pasó, qué línea crucé o llegué a hallar para convertirme en esto. Pero supongo que ahora ya da igual.
miércoles, 24 de abril de 2013
martes, 23 de abril de 2013
Gente
¿Por qué la gente se mete en la vida de los demás?
¿Por qué se creen con derecho a decirte qué debes hacer para resolver los problemas de tu vida? ¿Es que acaso no se dan cuenta de que en su vida tienen problemas propios de los que encargarse?¿No se dan cuenta de que, igual que ellos me solucionan la vida a mí en dos patadas, yo les puedo hacer lo mismo a ellos?
¿Les gustaría?
Porque como sigan tocándome las narices como hoy me las han tocado, no les queda mucho para averiguarlo.
Estoy que muerdo.
Puta gente.
¿Por qué se creen con derecho a decirte qué debes hacer para resolver los problemas de tu vida? ¿Es que acaso no se dan cuenta de que en su vida tienen problemas propios de los que encargarse?¿No se dan cuenta de que, igual que ellos me solucionan la vida a mí en dos patadas, yo les puedo hacer lo mismo a ellos?
¿Les gustaría?
Porque como sigan tocándome las narices como hoy me las han tocado, no les queda mucho para averiguarlo.
Estoy que muerdo.
Puta gente.
viernes, 19 de abril de 2013
A partir de mañana
Estoy deseando que llegue mañana.
¿Sabéis por qué?
Porque a partir de mañana saldré de mi casa y me meteré en otro piso a limpiar la mierda que han dejado 3 tíos durante 9 meses de alquiler.
Y me apetece.
Me apetece porque no tendré que tratar con nadie, podré ponerme los cascos y escuchar algún audiolibro mientras hago algo físico. ¡Dios, lo que me apetece moverme! Pero no lo hago, me paso el día metida en mi habitación leyendo, viendo series, cotilleándoos los blogs, todo con el culo sentado en la cama. O durmiendo, que es lo único que realmente me apetece, aunque sea para tener pesadillas. Al menos en mis sueños me pasa algo, me despierto y tengo la sensación de que he vivido cosas.
Pues eso, que a partir de mañana me moveré. Saldré de casa y haré algo.
En esta situación, ese es mi único deseo, y el único que creo que puede cumplirse.
¿Sabéis por qué?
Porque a partir de mañana saldré de mi casa y me meteré en otro piso a limpiar la mierda que han dejado 3 tíos durante 9 meses de alquiler.
Y me apetece.
Me apetece porque no tendré que tratar con nadie, podré ponerme los cascos y escuchar algún audiolibro mientras hago algo físico. ¡Dios, lo que me apetece moverme! Pero no lo hago, me paso el día metida en mi habitación leyendo, viendo series, cotilleándoos los blogs, todo con el culo sentado en la cama. O durmiendo, que es lo único que realmente me apetece, aunque sea para tener pesadillas. Al menos en mis sueños me pasa algo, me despierto y tengo la sensación de que he vivido cosas.
Pues eso, que a partir de mañana me moveré. Saldré de casa y haré algo.
En esta situación, ese es mi único deseo, y el único que creo que puede cumplirse.
martes, 16 de abril de 2013
La vida inexistente
Ha pasado más de un mes desde mi última entrada y ya aviso a navegantes que esa es la única razón por la que estoy escribiendo. Porque mi vida durante este mes no daría ni para un SMS.
Voy a clase más o menos un 50% del tiempo. Generalmente comienzo la semana cumpliendo el miércoles o el jueves correspondiente me derrumbo, me tumbo en la cama y me dedico al muy denostado arte de convertir el oxígeno en dióxido de carbono... hasta el lunes siguiente en que lo vuelvo a intentar.
Y eso con respecto a las clases, porque en cuanto a relacionarme con la gente, eso es una causa perdida. Cuanto más lo intento, antes me derrumbo. Al final, tras muchas excusas, algunas verdades y muchos, demasiados plantones a la gente de mi alrededor, he decidido ser realista y contarles, al menos, parte de la verdad.
Así que ahora la gente con tan mal gusto como para acercárseme ya sabe a lo que se expone: les he contado que no me encuentro bien (pero no que ese es mi estado habitual), que voy al médico (que no al psiquiatra) y que tomo medicación contra la ansiedad (pero no antidepresivos, ¡Dios sabrá porqué!). Que últimamente (léase toda mi vida) tengo problemas a la hora de relacionarme con la gente y que no esperen mucho más de mí, al menos de momento (probablemente durante un momento muy, muy largo).
Y una vez hecho eso, por lo menos se acabaron las excusas, las medias verdades y las flagrantes mentiras. Quien se quiera quedar, que se agarre los machos. Y quien decida irse, sin rencores. Yo también me iría si pudiera.
Voy a clase más o menos un 50% del tiempo. Generalmente comienzo la semana cumpliendo el miércoles o el jueves correspondiente me derrumbo, me tumbo en la cama y me dedico al muy denostado arte de convertir el oxígeno en dióxido de carbono... hasta el lunes siguiente en que lo vuelvo a intentar.
Y eso con respecto a las clases, porque en cuanto a relacionarme con la gente, eso es una causa perdida. Cuanto más lo intento, antes me derrumbo. Al final, tras muchas excusas, algunas verdades y muchos, demasiados plantones a la gente de mi alrededor, he decidido ser realista y contarles, al menos, parte de la verdad.
Así que ahora la gente con tan mal gusto como para acercárseme ya sabe a lo que se expone: les he contado que no me encuentro bien (pero no que ese es mi estado habitual), que voy al médico (que no al psiquiatra) y que tomo medicación contra la ansiedad (pero no antidepresivos, ¡Dios sabrá porqué!). Que últimamente (léase toda mi vida) tengo problemas a la hora de relacionarme con la gente y que no esperen mucho más de mí, al menos de momento (probablemente durante un momento muy, muy largo).
Y una vez hecho eso, por lo menos se acabaron las excusas, las medias verdades y las flagrantes mentiras. Quien se quiera quedar, que se agarre los machos. Y quien decida irse, sin rencores. Yo también me iría si pudiera.
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